3 feb 2013

Tecnología BIM

La teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882) es una de las más importantes contribuciones que se han hecho a la ciencia y, posiblemente, a la Humanidad. Darwin fue una persona muy prolífica tanto en su faceta de padre (tuvo 10 hijos) como en su actividad científica. Una de sus citas en “El origen de las especies” resume su legado, es la relativa a la supervivencia del más apto: “no es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni tampoco la más inteligente, sino la que se adapta mejor al cambio”.

La actitud positiva frente al cambio y la incorporación de las nuevas tecnologías a la gestión, debería formar parte del ADN empresarial. Un buen ejemplo de ello y en un entorno como el actual, que es más dinámico y exigente que nunca, la cultura de impulsar el cambio y la evolución y la adaptabilidad representan la única forma de garantizar el crecimiento con éxito

El gobierno británico anunció su intención de exigir la introducción del BIM en 3D en todos los proyectos a desarrollar a partir de 2016. Con este enfoque, ha establecido el estándar que regirá el futuro de la industria de las infraestructuras del siglo XXI, colocando los procesos BIM (acrónimo en  inglés de  Building Information Modelling, modelado de información de construcción) en el centro de estos objetivos.

 Una de las principales motivaciones para implementar esta estrategia es la promoción de la mejora de la eficiencia. Promover una industria de la construcción más eficiente es clave para que esta actividad económica tan relevante en el Reino Unido (7% del PIB) siga manteniendo su peso en el futuro. Cada año, la construcción británica mueve inversiones anuales superiores a los 110.000 millones de libras, estando un 40% ligado a proyectos de infraestructuras con financiación gubernamental. Con esta iniciativa, el ejecutivo persigue reducir el coste de los proyectos de construcción en un 15-20%, para así liberar miles de millones de libras que podrán ser empleados en el desarrollo de otros proyectos nuevos.

Hasta ahora, el diseño de edificios e infraestructuras ha mantenido un enfoque tradicional, basado en dos dimensiones (2D). A partir de los 90, la tecnología 3D ha mejorado la forma en que diseñamos nuestros proyectos, pero la foto seria incompleta si no se integran dos de los elementos críticos en la ejecución de un proyecto: el programa y el coste.

Por eso, el enfoque BIM va más allá de la geometría y debería centrarse en que hay que  “incluir” dentro del concepto. No existen limitaciones al desarrollo de esta idea: podemos incorporar parámetros de análisis de luz, información geográfica, detalles de fabricantes, especificaciones, mediciones, costes, programas, durabilidades  etc….

El uso del modelado en 3D incorpora los parámetros y datos necesarios para cada etapa del proceso, facilitando la eficiencia de los  procesos y con ello la competitividad. Este concepto subyace en lo  que BIM representa y debería permitirnos anticipar la visión del futuro de las infraestructuras del siglo XXI.

No existen límites para la mejora, el conocimiento y la capacidad de adaptación al cambio. La innovación aplicada a todos los puntos de diseño de un proyecto garantiza la mejora de la eficiencia y la productividad, y BIM debería ser la herramienta que nos permitirá conseguir esos objetivos.


 

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